Geigenbau van der Heyd

Sala de Resonancia

El oficio de lutier: un retrato

El mundo laboral está experimentando actualmente una transformación profunda. Después de que la fuerza muscular fuera sustituida paulatinamente por máquinas a partir del siglo XVIII, llega ahora la sustitución de la cognición humana.

Apenas pasa un día sin que en los medios se hable o se escriba sobre los grandes cambios que se avecinan como consecuencia de la cuarta revolución industrial. La digitalización avanza de forma imparable, cada vez más y con mayor rapidez. Como un río que se vuelve cada vez más caudaloso, parece alcanzar y arrastrar todos los ámbitos de la vida. Se dice que, ya en un futuro muy próximo, las inteligencias artificiales podrían transformar de raíz, en particular, el mundo laboral.

Sin embargo, hay oficios que actúan como aldeas galas en este turbulento cambio de civilización y que, a primera vista, no parecen encajar del todo en la época actual. El oficio centenario del lutier es uno de esos oficios en los que los bits y los bytes apenas parecen tener relevancia.

Si esto es cierto o no es lo que queremos averiguar hoy de la mano de Thomas van der Heyd. Es uno de los lutieres más conocidos de Alemania y goza de una excelente reputación entre los músicos profesionales.

¿Qué le inspiró a convertirse en lutier?

En realidad, siempre me ha gustado trabajar con mis manos. Sencillamente lo llevo en la sangre. A través de diversas prácticas durante mi juventud aprendí a amar la madera como material. La madera es un material fascinante que nos ofrece la naturaleza. Cálida, rica en colores, intensa en aromas, dura o blanda: un material natural de un carácter increíble que se puede trabajar de las maneras más diversas.

¿Cómo se llega entonces a ser lutier?

En Alemania, muchos aspirantes a lutier realizan durante tres años un aprendizaje en un taller de formación y, en paralelo, asisten a una escuela profesional en la que adquieren los conocimientos teóricos necesarios. Allí, además del manejo correcto de las herramientas y del trabajo experto de la madera, también se aprenden muchos fundamentos importantes. Por ejemplo, de música, historia y arte. Asimismo, las matemáticas y la física aparecen de vez en cuando en la formación, pues una buena comprensión de la acústica es muy importante en la construcción de instrumentos.

La formación pone un énfasis especial en aprender el dibujo técnico. Tanto en formato analógico en papel como digitalmente con modernos programas CAD. Al final de la formación se realiza el examen de oficial ante la cámara de comercio.

Como alternativa al aprendizaje, está la posibilidad de asistir a la escuela profesional estatal de construcción de instrumentos de Mittenwald. Allí la formación dura tres años y medio, si bien los criterios de admisión son sumamente exigentes. Quien aun así cumpla los altos requisitos y obtenga una respuesta positiva de la escuela debe prepararse para un periodo de formación intensivo.

Tras aprobar el examen final, muchos oficiales alemanes se trasladan primero a Francia o Italia para conocer las artes de la lutería de esos países. Ambos países, junto con Alemania, se cuentan entre las naciones líderes en lutería. Más adelante, una vez que el oficial ha acumulado cierta experiencia, existe la posibilidad de cualificarse como maestro artesano y como constructor diplomado de instrumentos musicales.

Geigenbau van der Heyd | Lutier examinando una nueva tapa armónica de violín

¿Qué capacidades debería aportar para el oficio una joven o un joven lutier?

Beruf mitbringen?

Creo que se cumple una buena premisa cuando alguien ya toca un instrumento de cuerda desde hace algunos años. La lutería es mucho más que un simple oficio artesanal. Un buen oído, musicalidad y una elevada destreza artesanal son indispensables en esta profesión.

Hay que saber manejar las herramientas y, además, hacerlo con gusto. Por otra parte, en la construcción de instrumentos se necesita una motricidad fina especialmente buena, ya que muchas operaciones solo pueden realizarse con mucho tacto y sensibilidad.

Además de la mencionada formación musical previa, también resultan ventajosas una capacidad de representación espacial notablemente buena, así como el interés por los procesos físicos y químicos.

¿Puede un lutier fabricar en realidad también otros instrumentos de cuerda?

¡Sí, en efecto! Los lutieres también trabajan con violas, violonchelos, contrabajos, violas d`amore, violas de gamba y fídulas históricas. Es decir, en general, con todos los instrumentos de la época barroca.

¿Qué distingue a un buen lutier?

Es algo complejo. Creo que en primer lugar está la destreza artesanal. Y precisamente en todos los ámbitos de la construcción de violines y arcos. Un buen lutier conoce a la perfección las técnicas de la construcción barroca y es capaz de diseñar, fabricar, reparar o restaurar instrumentos de forma autónoma. Para ello no basta con saber trabajar bien la madera. Quien posee una buena capacidad de representación espacial, así como ojo para las formas, ya aporta dos premisas fundamentales importantes.

También se debería dominar razonablemente el dibujo a mano, para diseñar manualmente bocetos y planos de construcción. En esto el oficio del lutier se asemeja al del arquitecto. En ambas disciplinas se requieren conocimientos matemáticos y físicos para comprender la estática de los instrumentos de cuerda.

Además, la química desempeña un papel nada desdeñable. Pues al trabajar con barnices e imprimaciones hay que conocer su composición, sus recetas y su aplicación correcta. Una vez que el instrumento está terminado, se debe saber ajustarlo correctamente, es decir, afinarlo.

No menos importantes son las habilidades artesanales en la construcción de arcos. Esto se subestima a menudo. Los arcos no son menos complejos y requieren mucho saber hacer artesanal. Un buen lutier debe comprender en detalle la interacción entre el instrumento y el arco.

Hasta ahora solo hemos hablado de las premisas fundamentales. Más allá de eso, se requiere una sólida experiencia teórica. Ya durante el periodo de formación se transmiten muchos conocimientos de fondo que más adelante resultan decisivos, entre otras cosas, para la correcta valoración de los instrumentos. Es decir: conocimientos históricos sobre la época en que se construyeron los instrumentos y sobre lo que caracteriza las formas de construcción particulares de cada región.

Otro punto importante que, en mi opinión, separa a los buenos lutieres de los menos buenos es la colaboración con los clientes. Por trivial que pueda sonar. Aquí se trata de escuchar y comprender. Antes de iniciar un proyecto hay que averiguar qué ideas sonoras tiene el cliente. Solo cuando uno tiene una imagen de ellas puede plasmarlas artesanalmente.

Geigenbau van der Heyd | Ajuste del sonido

¿Toca usted también el violín u otro instrumento con regularidad?

Si toco algo, es más bien el violonchelo. Pero, por desgracia, no consigo hacerlo con regularidad, ya que el tiempo sencillamente no lo permite.

¿Cómo ha cambiado el oficio de la lutería en los últimos años?

De forma similar a lo que ocurre con otros productos artesanales, hoy en día gran parte de los instrumentos disponibles en el mercado se fabrican en serie. Sin embargo, no se trata de una tendencia nueva, sino que ya comenzó a principios de la era industrial. Las primeras fresadoras copiadoras existían ya hacia 1900, con el fin de elaborar reproducciones lo más exactas posible de famosos instrumentos de cuerda. Desde hace unos 20 años se emplean para ello máquinas CNC. Con ayuda de programas de software especiales (CAD) se diseñan primero las piezas en el ordenador, ya sea por completo de nuevo, o bien se escanean simplemente las piezas de instrumentos históricos. A partir de las especificaciones del modelo 3D, una fresadora controlada por ordenador talla luego con exactitud las piezas necesarias a partir de una sola pieza de madera. Así, por ejemplo, el fresado previo de las bombeaduras ahorra mucho tiempo y reduce los costes de producción.

En los talleres tradicionales, sin embargo, estas máquinas se utilizan más bien rara vez, ya que las fresadoras CNC no pocas veces desgarran la madera fina en los puntos de corte y esto, a su vez, repercute negativamente en la imagen sonora del instrumento.

Aunque las máquinas modernas ya hacen muchas cosas mejor y más rápido que el ser humano, hasta ahora no pueden sustituir numerosas capacidades del arte tradicional de la construcción de instrumentos. Así, por ejemplo, les falta el tacto para reconocer correctamente las distintas durezas de una madera. Sin ese tacto, la máquina no puede atender a los diferentes espesores de elaboración. Además, una máquina tampoco puede evaluar las relaciones específicas y estáticas de un instrumento. Precisamente en el segmento de alto precio esto resulta decisivo.

Imprescindibles se han vuelto, en cambio, las técnicas modernas de medición. Tanto en la construcción nueva como en la restauración se emplean tecnologías modernas para afinar los instrumentos de manera ideal. Personalmente, también lo considero absolutamente necesario. En los peritajes, para determinar la antigüedad de los instrumentos se aplican hoy estudios dendrocronológicos, así como métodos de radiocarbono y análisis químicos.

Por lo demás, además de los procedimientos de producción, han cambiado sobre todo las ubicaciones de producción, pues hoy en día los instrumentos provienen principalmente de Asia.

¿En qué se diferencian los instrumentos «en serie» y los instrumentos hechos a mano?

Con el paso de los años ha cambiado mucho en la fabricación en masa, y las máquinas que se utilizan hoy en la producción son mucho mejores que hace apenas unas décadas. Esto, naturalmente, repercute también en la calidad de los productos finales. Esta, en general, ha aumentado de manera notable y permite incluso a los principiantes con un presupuesto reducido adquirir un sólido instrumento de estudio.

Aun así, hay que decir con claridad que en la fabricación en masa todo se produce según un esquema rígido, lo que lleva pronto a estos instrumentos a sus límites. En esas manufacturas, diversos operarios trabajan en los instrumentos en cadena, a modo de línea de montaje. Visto así, también se trata de trabajo manual. Pues máquinas que escupan violines terminados no existen hasta ahora.

Los instrumentos de mayor calidad para músicos profesionales se siguen fabricando a mano a lo largo de muchas horas de trabajo y se adaptan especialmente a las necesidades de los clientes. En la construcción de un violín de maestro se emplean exclusivamente maderas nobles que han reposado durante muchos años y que más adelante resultan decisivas para el sonido particular de un instrumento. Lo mismo ocurre con los barnices empleados, que desempeñan un papel significativo en la acústica del instrumento. Aquí cada taller de lutería utiliza sus propias recetas.

Tiene usted tres hijos pequeños: ¿les aconsejaría que se hicieran lutieres?

¡No! Siempre digo: aprended algo de provecho, que si no os acabará pasando lo mismo que a mí (sonríe).

Pero, hablando totalmente en serio, la lutería es un oficio muy bonito y variado que significa un desarrollo continuo a lo largo de toda una vida. Las distintas especialidades son inagotablemente amplias. La lutería es más una pasión que una profesión. Una separación clara entre el trabajo y lo privado no me resulta posible ni concebible. Si mis hijos quisieran elegir una profesión exigente y satisfactoria de por vida, entonces sin duda sí. En general, me alegraría poder transmitir a mis hijos mi saber, mi pasión y mis experiencias de este oficio. Pero mis hijos son personas libres y deben tomar la elección de su profesión libremente, en consecuencia, para encontrar su pasión.

¿Se puede vivir bien de la lutería?

Durante el periodo de aprendizaje los ingresos son más bien escasos. Sin un apoyo, ya sea de los padres o mediante una beca, solo se llega a fin de mes con un trabajo secundario. Más adelante, con una experiencia creciente, resulta entonces económicamente más rentable. Depende, naturalmente, mucho del desarrollo personal y, en cada persona, tarda un tiempo distinto. Hasta que se puede vivir bien del oficio elegido pueden pasar bastantes años.

A menudo los jóvenes lutieres quieren establecerse por su cuenta lo antes posible y fundar su propio taller. Lo comprendo muy bien, solo que muchos subestiman enormemente ese paso. De repente hay que hacerlo todo solo y uno es responsable de cada paso. Desde la construcción nueva, pasando por la restauración, hasta el asesoramiento y, finalmente, el comercio. Es muy difícil encontrar buenos colaboradores que aporten la experiencia necesaria y puedan asumir tareas con eficacia. En nuestra casa trabajamos con instrumentos muy valiosos. Si estos se dañaran por falta de conocimiento técnico, tendríamos un problema. Los daños por un manejo inadecuado no los paga ningún seguro.

Por eso conozco a muchos lutieres que, como yo, pasan en el taller 60 horas o más a la semana. Durante el día asesoramos a menudo a los clientes, mientras que por la noche, cuando ha llegado la calma, realizamos los trabajos manuales propiamente dichos. Incluso en fines de semana y días festivos.

¿Cómo se presenta el futuro de la lutería?

Personalmente, creo que la lutería se volverá aún mucho más técnica. Las técnicas de medición que se aplican hoy se mejoran constantemente, lo que nos ayuda tanto en la construcción nueva como en la restauración. A ello se suman temas como la impresión 3D. Pero también la realidad aumentada o incluso la realidad virtual podrían quizá, dentro de pocos años, abrirse paso en nuestro día a día profesional. Llevo ya tiempo observando esto en arquitectos, ingenieros o médicos y puedo imaginármelo igualmente en la construcción de instrumentos.

En lo que respecta al mercado de los instrumentos clásicos en sí, miro hacia el futuro con bastante optimismo. Durante un tiempo se decía que el entusiasmo por la música clásica podría ir extinguiéndose poco a poco. Sin embargo, hasta ahora no reconozco indicios de ello. En este sentido, considero la lutería un sector relativamente seguro y con buenas perspectivas de futuro.

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